URTICARIA

La urticaria es una reacción debida a una activación inmunológica o a una alergia, y puede manifestarse de forma aguda, como respuesta a la ingesta de alimentos, aditivos y medicamentos, o por el contacto
con productos químicos, estímulos térmicos, o agentes físicos (como calor, frío o luz solar).
También puede presentarse después de un esfuerzo físico intenso, después de algunas infecciones virales o bacterianas, durante la parasitosis intestinal, o después de las picaduras de insectos.
Las reacciones que ocurren en la piel pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, cambiar de posición rápidamente, a menudo son migrantes y, a veces, desaparecen por completo para luego reaparecen en otro lugar.
La urticaria es, por lo tanto, una condición en la cual los estímulos alérgicos y los componentes autoinmunes van de la mano, como sugiere la presencia de BAFF. De hecho, el aumento de los niveles de BAFF, determina la proliferación y expansión de células B y el
aumento en la producción de anticuerpos y autoanticuerpos.
Si bien existen excelentes medicamentos y productos disponibles para el tratamiento de las formas agudas, cuando la urticaria se presenta de manera recurrente por más de un par de semanas, se deben buscar las posibles causas más a fondo, ya que a veces, el simple tratamiento de los síntomas no es suficiente para resolver el problema de raíz de estas formas de urticaria crónica.
Actualmente se sabe que la inflamación causada por la alimentación puede ser una de las causas más relevantes para la urticaria y formas urticariales.
Los estímulos externos antes mencionados actúan como la “gota que colma el vaso” y en ese momento es más importante
entender por qué “el vaso” está lleno (inflamación alimentaria)
para controlar al responsable.
En el 2012, Kessel documentó en la revista Human Immunology,
que BAFF (una de las citoquinas que se eleva por la inflamación alimentaria) está fuertemente relacionada con la gravedad de la forma urticaria, y esta citoquina se convierte en una clave para entender los muchos casos que no están perfectamente enmarcados
a nivel clínico (Kessel A et al, Hum Immunol. 2012 Jun; 73 (6): 620-2. doi: 10.1016 / j.humimm.2012.03.016. Epub 2012 12 de abril).
¿Qué hacer?
El estudio de los niveles de inflamación a través del Food inflammation Test permite identificar los valores de BAFF y PAF, y definir el Perfil Personal Alimentario, que indica qué alimentos se consumen en exceso y cómo deben controlarse para reducir la inflamación y mejorar la sintomatología.
Niveles altos de BAFF o PAF requerirán una dieta más estricta, mientras que un nivel bajo de las citocinas permitirá una dieta más permisiva.
Otras sugerencias
También puede ser útil hacer exámenes para buscar posibles parásitos, así como analizar cuidadosamente los medicamentos que se toman, ya que a menudo suelen desencadenar reacciones, sobre todo si se han tomado durante mucho tiempo.
Se debe prestar especial atención a los antiinflamatorios en general (desde la aspirina hasta el nuevo anti-Cox2).
También es conveniente identificar una posible variación de los niveles del complemento C3 y C4, la cua que se orienta hacia una condición de autoinmunidad.
El uso excesivo de azúcar, fructosa y edulcorantes puede facilitar la aparición de reacciones alérgicas, independientemente de la sustancia ingerida.
Sin embargo, debe recordarse que, incluso ante una evidente mejoría de los síntomas después del inicio de la dieta personalizada, la suspensión de cualquier terapia con antihistamínicos debe realizarse siempre con mucho cuidado, para evitar el efecto
de rebote.

Deja un comentario